CRÍTICA "PARÁSITOS"

Parásitos (Bong Joon-ho, 2019), la sorprendente triunfadora de los Óscar 2020, ha conseguido llamar la atención de muchos espectadores. Sin embargo, ¿es merecedora de tal atención?, y lo más importante ¿se corresponde con verdadera calidad cinematográfica? Pasada la resaca de los premios de la Academia, vamos a tratar de responder y analizar lo que aporta Parásitos  al cine contemporáneo. 
Bong Joon-ho es un director perteneciente a la nueva ola del cine coreano surgida hace más de veinte años, donde destacan otros directores como Park Chan-wook, Kim Jee-woon y más recientemente Na Hong-jin y Yeon Sang-ho entre otros. De esta ola de directores probablemente sea Joon-ho quien tiene un estilo narrativo más cercano al occidental con claras influencias desde el cine de Hitchcock al de Spielberg. Lo cierto es que cada estreno del director coreano se convierte en todo un evento para los más cinéfilos, y gracias a Parásitos son más los que le seguirán la pista. El éxito reciente no ha sorprendido a sus seguidores, puesto que su carrera siempre ha sido impecable, con películas como Memories of a murder o Mother, donde ya había ecos de lo que nos cuenta con Parásitos. Como por ejemplo un humor cruel, la crítica a las diferencias entre las clases sociales o al arraigo de las supersticiones. En Parásitos consigue dar un recital de toda su influencia, donde podemos ver un puzle en el que alterna planos secuencia que nos introducen en la historia con planos estáticos cargados de información. Lo que es un tipo de realización que cuesta ver en el cine contemporáneo, cada vez más acomodado a las coberturas y a un rodaje de multicámara. 
Parásitos es una película que ha recibido múltiples interpretaciones, algo que el mismo Joon-ho ha comentado, y así poder atraer futuros revisionados. Unos la ven como un ataque al capitalismo, otros como una muestra de que cualquiera puede ser un mal bicho. El director coreano nos muestra la historia de dos mundos, la del cielo y el infierno en la tierra. El cielo reflejado en la mansión de una familia rica quienes se comportan con amabilidad y una vida sin problemas reales. El infierno se muestra en el hogar subterráneo de la familia protagonista pobre, en la que la picardía es su sello para salir adelante. Además, el director hace hincapié en las diferentes alturas donde viven los personajes para hablar metafóricamente sobre las desigualdades sociales. Un juego vertical que acompaña durante toda la película, que se aprecia con el primer plano repitiéndose en el último plano; un travelling vertical de arriba a abajo nos recuerda la posición de la familia desfavorecida. A pesar de ser una historia con alta carga dramática, consigue que fluyan otros géneros con total naturalidad, especialmente el humor o el suspense. 
La película comienza con ritmo pausado lleno de simbolismo para adentrarnos en la historia, familiarizándonos qué nos va a contar. Llegado el primer punto de giro importante de la trama inicia un ritmo frenético que puede recordar a algunos filmes de Scorsese y se mantendrá así hasta el final. No puede tildarse como la mejor película de la historia, ni tampoco la mejor creación de Bon Joon-ho, pero desde luego sí es un filme sublime, digna ganadora del Óscar, y que pueda valer como un precedente para futuras películas. 

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